Danzaterapia, la panacea universal

El personal sanitario de tres hospitales de Buenos Aires supera el síndrome del burnout (decaimiento físico, mental y emocional debido al trabajo) mediante tango, salsa y folklore.

La danzaterapia cómo medicamento

El hospital de San Roque de Gonnet, el hospital Mariano y Luciano de la Vega de Moreno y el hospital de Tandil de Buenos Aires, se caracterizan por muchas cosas pero solo una los particulariza: bailan para hacerse más fuertes, para superar enfermedades, como barrera antiestrés.

En el primero, los sanitarios se dan cita cada lunes para bailar tango y, así, se relajan y minimizan las señales de cansancio laboral; en el segundo, son los pacientes los que practican tango y salsa, y, en el tercero, el servicio de neumotisiología se encarga de ayudar a obesos, a personas en proceso de abandono del tabaco y a pacientes con enfermedades cardiovasculares.

El hospital de San Roque de Gonnet pensó que los lunes, los odiados lunes, tenían que adoptar otro concepto y decidieron que lo mejor sería bailar al medio día. Las clases de tango se idearon como un taller para el personal sanitario y administrativo con el objetivo de aliviar el estrés y el síndrome burnout. Gracias a esta práctica, todos pasan una jornada más llevadera y una semana con menos angustia.

Alguna vez habrá notado síntomas como: dolor de cabeza, mareo, trastornos digestivos, insomnio, mala circulación e, incluso, manchas en la piel. No lo dude, sufre de síndrome de burnout o, lo que es lo mismo, está usted quemado. Aunque, no se inquiete, una de las mejores formas de combatir este estado es bailar, bailar tango.

El tango, al ser una danza en pareja y estar involucrado el abrazo y el contacto físico, produce una apertura emocional, pone en movimiento cuestiones sensitivas, cosa que, en la vida cotidiana, no aparece con frecuencia. Mientras bailan, las personas son conscientes de que se encuentran con obstáculos extrapolables al ambiente cotidiano y que se activan con el contacto físico. Durante la vida social, todo transita a través de la corticalidad –cerebral– pero en la danza pasa a transitar por lo intuitivo e instintivo, no se piensa ni se pasa por el tamiz.

Despejarse de la vida laboral o académica es positivo pero si, además, es posible despejarse dentro del ámbito laboral, entre compañeros y compañeras que sufren y padecen lo mismo que nosotros, mejor que mejor. Bailar permite deslizar tensiones, permite desencadenarse de ellas, depurarse. Los trabajadores del San Roque de Gonnet así lo afirman.

En el Hospital Mariano y Luciano de la Vega de Moreno adoptan la misma filosofía, pero diferente tipo de movimiento: talleres de floklore y tango para pacientes y la comunidad en general a modo de obstáculo de enfermedades cardiovasculares combatiendo el sedentarismo, favoreciendo la circulación de la sangre, el sistema respiratorio y vascular, activando el drenaje de líquidos y toxinas, así como la eliminación de las grasas, el sobrepeso y fortaleciendo los grupos musculares. En edades maduras, además, la danza sirve, entre otras cosas, para paliar dolores articulares y prevenir osteoporosis y envejecimiento; para desarrollar el oído musical, el sentido del ritmo, la memoria, y permite la identificación, el conocimiento y el aprecio por un aspecto fundamental de una cultura.

Es un método maravilloso para superar la soledad y la timidez y establecer nuevas relaciones; permite desinhibirse y liberar tensiones, levanta el ánimo y la autoestima y al son de la música se reduce el estrés, la ansiedad y la depresión, ayudando a expresar las emociones. Genera endorfinas, hace surgir la alegría y ayuda a adoptar una actitud positiva ante la vida.

En el servicio neumotisiología de la ciudad de Tandil, dependiente del Ministerio de Salud de Buenos Aires, se organizó un taller de salsa destinado a los pacientes obesos, a aquellos que asisten a los cursos para dejar de fumar y a quienes padezcan o deseen prevenir enfermedades cardiovasculares.

Los pacientes con obesidad, los exfumadores, los que debían rehabilitarse de enfermedades cardiovasculares, todos ellos van al servicio, organizan caminatas y, a raíz de todo ello, idearon organizar una actividad que resultara más divertida, amena y saludable.

Lo veamos por donde lo veamos, el movimiento nos mantiene vivos, sanos y felices. Danzar, caminar, revolotear, deslizarnos, circunvolar… Apreciarnos a nosotros mismos gracias al flujo del baile es uno de los regalos más extraordinarios que nos ha concedido la naturaleza. Saboreémoslo.