Escucha, siente y baila – Discapacidad y Baile

Escucha y sonríe. La música es el único estímulo que hace reaccionar a David, un chico con una discapacidad intelectual y motriz severa. Como él muchas personas con alguna discapacidad responden positivamente al lenguaje musical. Las melodías y los diferentes ritmos los trasladan a un mundo que comprenden, a un lugar de diversión y felicidad donde se sienten seguros.

En nuestra sociedad la música tiene muchas utilidades. La usamos para acompañar celebraciones, para crear ambientes, en el transporte público para evadirnos, antes de dormir para relajarnos o simplemente la escuchamos por las emociones que despierta en nosotros. Ellos, las personas con alguna discapacidad, también la escuchan, la sienten, la cantan y la bailan por placer. Más de un 6% de la población en Cataluña tiene una discapacidad reconocida. Estas personas necesitan terapias que mejoren su calidad de vida, la danza es una de ellas.

Discapacidad y Baile

“¡Plie y estiro!” las órdenes retumban en la cancha de baloncesto mientras los niños repiten una y otra vez los movimientos. Xenia sigue el ritmo hasta que su espalda le pide a gritos un descanso. Sufre espina bífida una enfermedad congénita que afecta a la médula espinal y que provoca desde una disminución de la coordinación hasta una parálisis parcial o total de las piernas. Xenia se ayuda de un andador para poder caminar, y aunque se cansa, recupera rápido el aliento para poder seguir con una de sus actividades favoritas: su clase de baile.

¿Qué mejor que moverse al ritmo de esas notas musicales que tanto aprecian? La danza se convierte en una terapia. Su gran logro es la mejora de la coordinación en las personas con alguna discapacidad. Bailar es conocer nuestro cuerpo y expresarnos con él. Ese conocimiento es vital para la mejora de su día a día, para poder realizar esas pequeñas cosas como bajar escalones o simplemente no tropezarse. El miedo y la dependencia son dos grandes obstáculos que Xenia y miles de personas como ella deben combatir.

Las clases de danza dan esa libertad, esa independencia que incluso personas sin ninguna discapacidad necesitamos aprehender.